Predicación
Cambiando el destino de nuestra vida
Resumen
Segunda de Pedro 3:10-14 anuncia que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche, con estruendo y fuego, mientras los cielos, la tierra y sus obras serán deshechos. Ese día no puede ser cambiado; la respuesta es andar en santa y piadosa manera de vivir, esperar la venida de Dios y permanecer diligentes, sin mancha, irreprensibles y en paz. La esperanza descansa en cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia.
El destino eterno sí puede cambiarse mientras hay vida. Solo existen dos caminos: la vida eterna con Cristo y la condenación; por eso la muerte y el juicio encuentran preparado al que ya se puso a cuentas con Dios. La amargura, el enojo, el rencor y las enemistades se pegan al caminar como una raíz que también contamina a quienes rodean al creyente. La reconciliación alcanza a los hermanos, al cónyuge e incluso al enemigo: pedir perdón y perdonar desde lo profundo sana el corazón y quita el estorbo de la oración. La mentira pequeña tampoco es inofensiva; poco a poco cauteriza la conciencia, mientras el orgullo puede hacer que se desprecie al humilde y se honre al poderoso.
Hebreos 9 recuerda que la muerte ocurre una vez y después viene el juicio, pero Cristo murió por los pecadores, resucitó y permanece como abogado fiel y justo. La confesión abre paso al perdón, y la santidad se expresa en integridad, verdad, justicia, misericordia y humildad. La iglesia vive como vasija en manos de Dios, procurando que la gloria sea de Cristo y que la presencia divina tenga más valor que la grandeza visible de un templo. La vida presente es el tiempo para abandonar lo que estorba, recuperar el quebrantamiento y conservar el gozo de la salvación; así la esperanza de estar con Cristo por la eternidad sostiene una carrera fiel.
Puntos clave
- El día del Señor llegará con juicio y fuego, pero la promesa apunta a cielos nuevos y tierra nueva.
- Mientras hay vida, cada persona puede escoger entre la vida eterna con Cristo y la condenación antes del juicio.
- La amargura, el enojo y el rencor contaminan a otros; la reconciliación con Dios y el prójimo protege la vida.
- La santidad se expresa en verdad, justicia y perdón; la mentira cauteriza la conciencia y el orgullo aparta de Dios.
- La iglesia es una vasija en manos del Señor, llamada a ser humilde, glorificar a Cristo y conservar el gozo de la salvación.
Textos mencionados
- 2 Pedro 3:10-14
- Hebreos 9
- Salmo 15