Predicación
Jesús vino para deshacer las obras del diablo
Resumen
En Lucas 4, durante la lectura en la sinagoga de Nazaret, Jesús presenta el propósito de su venida con las palabras de Isaías 61: buenas nuevas para los pobres, sanidad para los quebrantados, libertad para los cautivos, vista para los ciegos y libertad para los oprimidos, además del año agradable del Señor. La obra de Cristo enfrenta el daño que el diablo introdujo cuando Adán y Eva cedieron al pecado: arruinar la comunión con Dios, borrar la esperanza y mantener al ser humano bajo engaño.
Las buenas nuevas contradicen las voces que declaran que todo está perdido, que Dios ya no quiere al pecador y que no existe salida. Cristo sana la enfermedad del alma, más terrible que la dolencia física, porque el pecado, el descarrío y la desobediencia la enferman, y el alma es la que permanece para vida eterna. También rompe el yugo de los vicios y de todo pecado, incluso los que parecen poco escandalosos: odio, envidia, deseos de venganza y pecados de omisión. La esclavitud puede esconderse en una vida distraída, sin entrega, que sabe lo que debe hacer y no lo hace.
La libertad recibida no se reduce a sentirse convencido; requiere determinación, reconciliación con Dios y una vida rendida a su presencia. La Palabra alumbra el entendimiento, dirige los pasos y mantiene encendida la lámpara para reconocer las trampas del enemigo. Por eso la iglesia no está llamada a permanecer como simple oyente o visitante: cada creyente puede ser útil en las manos del Señor y desarrollar los talentos que Dios le ha dado. El libertador sigue vivo, cumple sus promesas y continúa sanando, libertando y quitando la opresión; la iglesia permanece con Cristo, aparta todo estorbo y le sirve con todo el corazón.
Puntos clave
- Cristo trae buenas nuevas de esperanza y vida a los pobres y abatidos, rompiendo los mensajes del enemigo que declaran que todo está perdido.
- Jesús sana la enfermedad del alma, causada por el pecado, el descarrío y la desobediencia, porque el alma tiene valor para la vida eterna.
- El Libertador rompe el yugo de los vicios y del pecado, incluso el odio, la envidia, la venganza y los pecados de omisión.
- Cristo alumbra el entendimiento cegado para que la iglesia camine en su luz, guiada por la Palabra y no enamorada de las tinieblas.
- La libertad recibida requiere reconciliación con Dios y una vida rendida a su presencia para servir con los talentos recibidos.
Textos mencionados
- Lucas 4
- Isaías 61