Predicación

Culto Evangelístico — Pastor Mauro Martínez, 18 de enero de 2026

Pastor Mauro Martínez Salmo 126:1-6

Resumen

El Salmo 126:1-6 presenta la esperanza de Sion mientras el pueblo vive cautivo en Babilonia. La liberación esperada cambiaría la tristeza en risa, la lengua callada en alabanza y la cautividad en una vida semejante a los arroyos del Néguev, que corren libres y no quedan estancados. El Salmo 137 muestra el reverso de esa condición: junto a los ríos de Babilonia, Israel lloraba, colgaba sus arpas y no podía cantar en tierra extraña. La esclavitud había apagado la alegría y el deseo de adorar.

Esta imagen se aplica a la esclavitud del pecado y de los vicios. La persona dominada pierde el anhelo de leer la Palabra, servir y alabar; queda como agua estancada, sin fluir ni dar vida. La libertad viene de Dios por Jesucristo, no de la fuerza humana. El hombre cojo de nacimiento, llevado durante cuarenta años a la puerta Hermosa para pedir limosna, recibió en el nombre de Jesucristo la restauración que no podían darle el oro ni la plata. Al afirmarse sus pies, entró al templo saltando y alabando a Dios. Así, la liberación verdadera produce una transformación visible, asombro entre quienes conocían la antigua condición y un gozo permanente, distinto del placer pasajero que termina mordiendo como serpiente.

La iglesia reconoce que la libertad recibida debe convertirse en alabanza, testimonio y servicio. Quien clama al Todopoderoso y pone de su parte puede salir de la cautividad; la ayuda no se busca en poderes humanos, sino en Dios, que rompe la atadura desde la raíz. Por eso la preciosa semilla, que es el Evangelio, se siembra con lágrimas, clamor e intercesión por la familia, valorando a Cristo y a quienes padecieron para que la Palabra llegara a otros. La cosecha llegará con regocijo: los frutos de esa siembra serán recogidos por Jesucristo y llevados a su granero. La esperanza sostiene la perseverancia hasta ver vidas transformadas y familias acercarse al Señor.

Puntos clave

  • El Salmo 126 presenta la liberación de Sion como el paso de la cautividad a la alegría, al canto y a una vida que fluye como los arroyos del Néguev.
  • La esclavitud del pecado seca la alabanza y deja el corazón triste, como Israel junto a los ríos de Babilonia.
  • Jesucristo puede romper desde la raíz las ataduras y producir una transformación visible, como en el hombre cojo que entró al templo saltando y alabando a Dios.
  • La libertad verdadera trae un gozo permanente y lleva a reconocer ante la familia y las naciones las grandes obras que Dios ha hecho.
  • La preciosa semilla se siembra con lágrimas, clamor y perseverancia, pero Dios concede una cosecha de regocijo y fruto para su granero.

Textos mencionados

  • Salmo 126:1-6
  • Salmo 137
  • Hechos 3