Predicación
Abre los ojos espirituales
Resumen
La advertencia sobre los ciegos que se guían mutuamente presenta el peligro de seguir voces sin vista espiritual: ambos terminan en el hoyo. La ceguera no empieza en los ojos físicos, sino en el corazón, donde el engaño puede hacer pasar por bueno lo que contradice la voluntad de Dios. En 2 Corintios 3, el velo que cubría el entendimiento permanece hasta la conversión al Señor; Cristo lo quita y abre el acceso a la presencia de Dios. La vida cristiana, por tanto, nace de una entrega completa, no de una convicción superficial.
Desde la oración del salmista se despliegan varias peticiones. Los ojos abiertos permiten vivir para guardar la palabra, mirar sus maravillas como privilegio y deleite, reconocer la grandeza del sacrificio de Cristo y agradecer las bendiciones de cada amanecer, del trabajo, de la creación y de la Escritura. La lámpara de la Palabra alumbra el camino y ayuda a distinguir el peligro. También permiten recordar que somos forasteros y peregrinos en la tierra. La ciudadanía celestial vale más que las riquezas, la casa o cualquier comodidad; la prosperidad no debe convertirse en un ancla que aparte de la salvación. La esperanza descansa en la morada celestial que Cristo prepara, como recuerda Juan 14.
La vista espiritual discierne el camino de la soberbia y la desobediencia, reconoce cuándo una conducta ofende a Dios y evita la reprensión que alcanza a quienes se apartan de sus mandamientos. Asimismo, la palabra ocupa el pensamiento, se vuelve delicia y funciona como el mejor consejero para las decisiones de familia, matrimonio, crianza, mudanza y vida diaria. La iglesia queda llamada a pedir una conversión de todo corazón, vivir con lo necesario sin afanarse por lo terrenal, meditar y saborear la Escritura, y mantener la mirada hacia arriba mientras espera al Salvador. Así, la obediencia se vuelve una forma de reírse del engaño del enemigo y de caminar hacia la morada eterna.
Puntos clave
- Seguir a ciegos espirituales conduce al hoyo; la conversión al Señor quita el velo del corazón y permite discernir el engaño.
- Los ojos abiertos hacen posible vivir para guardar la palabra, en vez de esperar cambiar primero para acercarse a Dios.
- La ley de Dios se contempla como maravilla, privilegio y deleite; así la iglesia reconoce su gracia en el sacrificio de Cristo y en cada nuevo amanecer.
- La conciencia de ser peregrinos ordena las prioridades: la ciudadanía celestial supera las riquezas, comodidades y logros terrenales.
- La Escritura advierte contra la soberbia y la desobediencia, y se convierte en delicia, objeto de meditación y mejor consejero para las decisiones.
Textos mencionados
- Salmos 119:18
- 2 Corintios 3:14 en adelante
- Juan 14