Predicación

Qué quiere Dios de mí

Pastor Mauro Martínez Filipenses 2:12-16

Resumen

Filipenses 2:12-16 presenta a una iglesia que debe obedecer tanto en presencia como en ausencia, ocupándose de su salvación con temor y temblor. La salvación no se compra, pues Cristo ya pagó el precio, pero sí se cuida con reverencia y diligencia, valorando la sangre derramada y el gran sacrificio recibido gratuitamente. Dios produce en sus hijos el querer y el hacer por su buena voluntad; por eso la vida cristiana no consiste en descuidar ese tesoro, sino en permanecer atentos hasta la venida de Cristo y rendir cuentas de cómo fue tratado.

De esa salvación nacen conductas visibles: hacer todo sin murmuraciones ni contiendas, obedecer con sencillez y apartarse de la lengua que provoca pleitos. El creyente está llamado a vivir irreprensible, sin manchas y sin volver a las prácticas que antes lo señalaban, para que su testimonio glorifique al Padre. La limpieza no procede de esfuerzos humanos ni de un detergente capaz de sacar manchas arraigadas, sino de la sangre de Cristo, que limpia el pecado y prepara un corazón donde Dios puede morar. En medio de una generación maligna y perversa, la iglesia conserva una vida estable, humilde, honesta, transparente y sin malicia.

Así la luz de Cristo sigue brillando mediante buenas obras y una transformación reconocible, no mediante orgullo, reconocimiento personal o doble ánimo. Filipenses llama a permanecer asidos de la palabra de vida, aun cuando lleguen tribulaciones, enfermedades, ofrecimientos del mundo o ataques del enemigo. Juan 15:4-7 compara esa permanencia con el pámpano unido a la vid: separado de Cristo se seca y no produce fruto, pero unido a él recibe vida y fructifica. La vida que agrada a Dios reúne siete decisiones: cuidar la salvación, abandonar la murmuración, alumbrar, vivir irreprensibles, ser sencillos, mantenerse sin mancha y permanecer aferrados a Cristo, para agradar a Dios y entrar en la patria celestial.

Puntos clave

  • La salvación recibida gratuitamente se cuida con temor, temblor, reverencia y diligencia, porque Cristo pagó su precio.
  • La obediencia a Dios abandona murmuraciones, contiendas y pleitos, y se expresa en sencillez, humildad y ausencia de malicia.
  • Una vida irreprensible y sin mancha permite que la luz de Cristo brille en una generación maligna y perversa mediante un testimonio transformado.
  • La sangre de Cristo limpia las manchas arraigadas del pecado y hace posible un corazón limpio donde Dios puede morar.
  • Permanecer asidos de la palabra de vida es seguir unidos a Cristo, la vid, para no secarse y llevar fruto aun en medio de tribulaciones.

Textos mencionados

  • Filipenses 2:12-16
  • Hebreos 2:3
  • Filipenses 2:14
  • Efesios 5:25
  • Juan 15:4-7