Predicación
Estamos en el último tiempo
Resumen
Lucas 21:32-34 declara que la generación no pasará antes de que se cumpla lo anunciado: el cielo y la tierra pasarán, pero las palabras de Cristo permanecerán. La restauración de Israel como nación en 1948 se presenta como el comienzo de esa generación; al considerar los años transcurridos hasta 2026, se afirma que la iglesia vive el último tiempo, sin pretender fijar el día ni la hora. Esta cercanía no debe producir miedo ni desánimo, sino despertar, consagración y vigilancia. El corazón no debe cargarse de glotonería —el apego excesivo a lo terrenal—, embriaguez ni afanes, sino hacer un alto y revisar su camino delante de Dios.
Apocalipsis 3 muestra dos maneras de vivir mientras se espera el regreso de Jesús. La iglesia de Filadelfia representa al remanente fiel: aunque tiene poca fuerza, guarda la palabra, no niega el nombre de Cristo, persevera con paciencia y entra por la puerta abierta que nadie puede cerrar. A esa iglesia se le pide retener lo que tiene para que nadie le quite la corona. En contraste, Laodicea retrata al creyente tibio, satisfecho y sin compromiso. No necesariamente vive pecados escandalosos, pero ha perdido el fervor, la responsabilidad y el deseo de consagrarse. Su riqueza material alimenta el orgullo, aunque Cristo lo ve desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo en lo espiritual.
Sin embargo, Cristo no abandona al tibio. Le aconseja comprar de Él oro refinado para ser rico, vestiduras blancas para cubrir su vergüenza y colirio para recuperar la visión espiritual. La reprensión es severa porque nace del amor: Dios disciplina para corregir, no para destruir. El deseo de cambiar debe nacer en el corazón, y Cristo llamando a la puerta recuerda que Él no entra por la fuerza. La iglesia debe abrirle, abandonar el conformismo, recuperar el fuego, practicar santidad, amor, misericordia y obediencia, y esperar su venida sin culpar a otros por su falta de vida espiritual.
Puntos clave
- Las palabras de Cristo permanecen y el último tiempo llama a la iglesia a despertar, consagrarse y vigilar sin pretender fijar el día ni la hora.
- La iglesia fiel guarda la Palabra, persevera con paciencia, no niega a Cristo y retiene lo que tiene mientras espera su venida.
- La tibieza la convierte en una iglesia conformista: la riqueza material puede ocultar pobreza, ceguera y desnudez espiritual.
- Cristo ofrece oro refinado, vestiduras blancas y colirio espiritual; reprende porque ama y llama al arrepentimiento sin obligar a nadie.
- Cada creyente debe abandonar el conformismo, recuperar el fervor, practicar santidad y obediencia, y abrirle la puerta a Cristo.
Textos mencionados
- Lucas 21:32-34
- Apocalipsis 3:7-22
- Apocalipsis 4