Predicación

Cada día avanzando un poco más

Pastor Mauro Martínez Ezequiel 47:1-9

Resumen

La visión de las aguas que salen del santuario muestra un río que trae vida: a su paso hay peces, sanidad y árboles con fruto y hojas para medicina. El agua no se queda quieta ni está destinada a muerte; corre y llama a entrar en ella. Así también la vida con Dios no consiste en practicar una religión de normas, sino en vivir delante del Dios vivo, creciendo en fe, amor, conocimiento y buenas obras. La fe del justo debe avanzar, porque retroceder no agrada al Señor.

El avance aparece en cuatro niveles. Primero, el agua llega a los tobillos: es el comienzo, cuando se sienten la frescura y la presencia del Espíritu. Después alcanza las rodillas, señal de una comunión reverente que se expresa en oración y ayuda a no caer en tentación. Luego llega a los lomos, donde Dios toca la zona de nuestras fuerzas y comienza a ordenar emociones y pensamientos. Finalmente el agua se vuelve un río que no se puede cruzar a pie; hay que nadar y dejarse llevar por su corriente. Como una casa a medio construir, una vida estancada queda descuidada; el Señor quiere una edificación completa, paso a paso, con pasos firmes, no con prisa desesperada.

Por eso la iglesia no debe conformarse con los tobillos ni quedarse en neutral: tiene que avanzar cada día un poco más, como una bicicleta sin reversa. La obediencia orienta los pies hacia donde corre el agua viva; las rodillas deben doblarse, y espíritu, alma y cuerpo han de entregarse a Dios. Al entrar más profundamente en Cristo, sus corrientes sostienen, santifican, sanan y producen fruto, mientras el mundo, la carne, los vicios y el enemigo pierden dominio. La decisión es personal y urgente: escoger vida en vez de muerte, dejar la escasez espiritual, seguir caminando y permanecer dentro del río de la gloria de Dios.

Puntos clave

  • La fe que crece y la obediencia a la palabra hacen avanzar al creyente; retroceder no agrada a Dios.
  • El crecimiento espiritual es progresivo: de los tobillos a las rodillas, a los lomos y finalmente a un río que solo puede cruzarse nadando.
  • Las rodillas empapadas representan comunión, reverencia y oración; la vida espiritual no debe quedar como una casa a medio construir.
  • Entrar en el río de Cristo implica entregar espíritu, alma, cuerpo, fuerzas, emociones y pensamientos al gobierno del Espíritu Santo.
  • En el río hay vida, sanidad, fruto y dirección; la iglesia debe avanzar cada día sin reversa, lejos de las corrientes del mundo.

Textos mencionados

  • Ezequiel 47:1-9
  • Hebreos 10:38-39
  • Colosenses 1:10
  • Efesios 2:21
  • 2 Tesalonicenses 1:3