Predicación
¿Qué tiempo estás viviendo?
Resumen
Todo tiene su tiempo y su hora debajo del cielo, y esa lista de tiempos deja una pregunta seria sobre el tiempo que cada uno vive. Aquí somos peregrinos y extranjeros, estamos de paso; los días son cortos, como la sombra que se acaba cuando se va el sol, como la flor que se ve hermosa a la entrada y en pocos días se seca. Nadie, por millonario que sea, puede comprar treinta años más de vida, y por eso el creyente pide que Dios le enseñe a contar sus días para traer al corazón sabiduría.
Hay un nacer de nuevo, y quien permanece en muerte espiritual desperdicia la vida que Dios le regala. Lo bueno se planta y el odio y el rencor se arrancan: el árbol sin raíz profunda, con las ramas comidas por dentro, cae con el primer viento fuerte. El ladrón vino a matar y destruir; Cristo vino a dar vida en abundancia y a sanar los corazones quebrantados, y nadie debería matar el anhelo del recién convertido llamándolo emoción pasajera. No es tiempo de destruirse unos a otros, sino de edificar, como quienes tras la tragedia restauran lo caído. Somos piedras vivas que se juntan, y el abrazo pide amor sincero, sin puñal escondido.
Es tiempo de buscar y no de perder: quien entra donde hay comida y no come sale con la misma hambre. La palabra se guarda en el corazón y se desecha la mentira, la ira y la contienda; lo que el enemigo rompió puede coserse, porque el herido todavía sirve. Es tiempo de hablar las buenas nuevas y de no callar la necesidad delante de Dios, y de amar aborreciendo solamente el pecado. La guerra espiritual es diaria y las armas ya están dadas: quien es vencido lo es porque no las toma. Salir de la religiosidad y del acomodamiento y venir al altar a pedir sabiduría para aprovechar los días es la decisión que este tiempo reclama.
Puntos clave
- La vida en la tierra es corta como la sombra y como la flor que se seca; por eso conviene pedir a Dios sabiduría para contar bien los días.
- Quien ha nacido de nuevo aprovecha el tiempo; permanecer en muerte espiritual es desperdiciar la vida que Dios regala.
- El árbol sin raíz profunda cae con el primer viento: lo bueno debe quedar bien plantado en el corazón para que nada lo arranque.
- Cristo cura lo que el pecado mató, y en la iglesia se edifica y se levanta al hermano caído en lugar de señalarlo.
- La batalla contra el enemigo es diaria, y quien no toma las armas que Dios dejó termina vencido.
Textos mencionados
- Eclesiastés 3:1-8
- Salmos 102:11
- Salmos 90:12
- Juan 10:10
- Salmos 126
- Efesios 6