Predicación
Lo que es de Dios permanece
Resumen
Movidos por celo, los sacerdotes y los saduceos decidieron detener a los apóstoles y los encerraron en una cárcel literal, de paredes, cadenas y guardias, para que dejaran de hablar de aquel hombre llamado Jesús. No aceptaban la resurrección, y detrás de su oposición actuaba el enemigo, que siempre ha querido callar la verdad que liberta. La intención no era solo encerrarlos, sino detener el avance del evangelio; pero un ángel del Señor abrió de noche las puertas y los sacó.
La orden que recibieron no fue esconderse ni contarlo en casa, sino ponerse en pie en el templo y anunciar al pueblo todas las palabras de esta vida; de mañana entraron y enseñaron. El alguacil halló la cárcel cerrada y los guardas de pie ante las puertas, pero adentro no había nadie, y llegó la noticia al concilio: los varones que pusieron en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo. Ante la amenaza, Pedro y los apóstoles respondieron sin titubear que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. La furia del concilio quiso matarlos, pero Gamaliel recordó a Teudas y a Judas el Galileo, cuyos grupos se deshicieron al morir su dirigente: si la obra es de los hombres se desvanecerá, mas si es de Dios no podrá ser destruida.
Azotados y amenazados, salieron gozosos por haber padecido por causa de aquel nombre, y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo. Esa es la medida de lo genuino: lo que está bien arraigado no se arranca, mientras que lo que nace de una emoción pasajera se desvanece con la primera prueba pequeña. Dios no liberta para volver a la cárcel del pecado, de los vicios o del mundo, sino para que el creyente sirva libre y abra su boca para testificar de Jesús. Lo que es de Dios permanece, y ni las amenazas ni los azotes logran callar a su iglesia.
Puntos clave
- Lo que viene de Dios permanece; lo que nace de la emoción o del convencimiento humano dura un tiempo y termina en nada.
- Ninguna cárcel detiene la obra de Dios: un ángel abrió de noche las puertas y envió a los apóstoles al templo a anunciar las palabras de esta vida.
- Cuando algo se opone a la voluntad de Dios, la respuesta firme es obedecer a Dios antes que a los hombres.
- Dios no liberta para volver al mundo, sino para servirle libre del pecado y seguir hablando de Jesucristo.
- Azotes y amenazas no callaron a los apóstoles: salieron gozosos y siguieron enseñando en el templo y por las casas.
Textos mencionados
- Hechos 5:29-39