Predicación

La última oportunidad

Pastor Mauro Martínez Lucas 23:32, 39-43

Resumen

En Lucas 23 hay tres cruces y Jesús está en medio de dos malhechores condenados a muerte por la ley romana. Uno de ellos lo injuriaba y le pedía que, si era el Cristo, se salvara a sí mismo y a ellos, buscando apenas ser librado de la muerte física. El otro lo reprendió y reconoció su propia condición: ambos padecían justamente lo que merecieron sus hechos, mientras que aquel que estaba en medio ningún mal había hecho.

Dios es justo y no juzga a nadie sin advertirle primero; siempre da oportunidad de conocerle. Simeí había maldecido al rey David cuando este huía, y era digno de muerte; David le perdonó la vida, y después Salomón le puso una última condición: edificar casa en Jerusalén y no salir de allí, porque el día que pasara el torrente de Cedrón moriría. La palabra le pareció buena y la guardó tres años, hasta que unos siervos suyos huyeron y, olvidando el juramento, salió tras ellos; ese día se cumplió la sentencia. Esaú vendió su primogenitura por una sola comida, pensando que jugaba con su hermano, y cuando después deseó heredar la bendición fue desechado, sin lugar para el arrepentimiento aunque lo procuró con lágrimas.

Al malhechor arrepentido le quedaban unas cuantas horas, y no dejó pasar al que estaba a su lado. Puso su fe en quien tiene autoridad para dar vida eterna, reconoció a Jesús como rey y pidió que se acordara de él cuando viniera en su reino. La respuesta no fue mañana sino ese mismo día: la promesa del paraíso. El Señor no tiene preferidos, y al otro ladrón lo habría salvado igual si en lugar de injuriar hubiera pedido misericordia. Nadie tiene comprados los años de esta tierra, y la oportunidad de ser salvo es aquí, mientras dura esta vida. Por eso el que sabe que ha fallado reconoce su pecado, pide perdón y se reconcilia hoy, sin esperar una ocasión que quizá no llegue.

Puntos clave

  • Dios no juzga a nadie sin advertirle antes; su misericordia extiende oportunidades, pero llega un momento en que ya no hay otra.
  • Simeí recibió una última oportunidad con una condición clara, la guardó tres años y la perdió el día que olvidó el juramento.
  • Esaú vendió su primogenitura por una sola comida y después no halló lugar de arrepentimiento, aunque lo procuró con lágrimas.
  • Reconocer la propia condición de pecado y la inocencia de Cristo es lo que mueve a pedir misericordia a quien puede darla.
  • Cristo salva en el momento en que se le pide: al malhechor le prometió el paraíso ese mismo día, no mañana.

Textos mencionados

  • Lucas 23:32, 39-43
  • 1 Reyes 2:36
  • 1 Reyes 2:43
  • Hebreos 12:16-17