Predicación
Dios protege a su pueblo
Resumen
El Salmo 121 muestra a un salmista que alza los ojos a los montes y confiesa que su socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No es un dios sin poder, sino el Dios vivo que de la nada formó todo: el guardador que no se adormece, la sombra a la mano derecha. Dios protege a su pueblo no por lo que somos, sino porque es grande en misericordia. Hay peligros de los que nadie puede guardarse por sí mismo; solo el Omnipotente, bajo cuya sombra mora quien habita al abrigo del Altísimo, puede defender del enemigo.
Israel, recién libertado de Egipto, quedó encerrado: el mar Rojo delante, montañas rocosas a cada lado y el ejército de Faraón detrás. La fe de muchos menguó, pero Moisés declaró que Jehová pelearía por ellos. La nube alumbró al pueblo y dejó en tinieblas al enemigo; el mar se abrió, y el camino trazado para Israel se cerró sobre sus perseguidores. Dios es además fortaleza del pobre y refugio contra el turbión, una muralla que la tempestad golpea sin derribar. A veces permite entrar en la tormenta, pero promete estar en las aguas y en el fuego: el horno calentado siete veces más no quemó un cabello de los tres jóvenes hebreos, y el rey vio a un cuarto caminando con ellos.
Por eso el creyente no desmaya: Dios lo sostiene de la mano derecha y le promete ayuda siempre, mientras siga siendo su único Dios. Ante finanzas afectadas o la renta del mes, hay un Dios que tiene todo. Como Pablo en prisión, quien sabe a quién ha creído no se avergüenza de llamarse cristiano en el trabajo, y espera la protección mayor: ser guardado para la vida eterna en la morada de Dios. Dios no abandona; somos nosotros los que nos salimos de su cuidado. La iglesia es llamada a pedir perdón, recibir a Jesús como Salvador y volver bajo las alas del Altísimo, donde el mar se abre.
Puntos clave
- El socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra, y el guardador de su pueblo no se adormece ni duerme.
- Frente al mar, las montañas y el ejército de Faraón, Jehová peleó por Israel y abrió un camino solo para su pueblo.
- Dios no siempre libra de la tempestad o del horno, pero entra en el fuego con los suyos, como con los tres jóvenes hebreos.
- Quien sabe a quién ha creído no se avergüenza de servir a Cristo, aun en medio de aflicciones y burlas.
- Dios no abandona a nadie; es el creyente quien se sale de su protección, y puede volver bajo sus alas pidiendo perdón.
Textos mencionados
- Salmos 121
- Salmos 57:1
- Salmos 91
- Éxodo 14
- Isaías 25:4
- Salmos 46
- Isaías 43:1-2
- Isaías 41:10-13
- 2 Timoteo 1:8
- 2 Timoteo 1:12