Predicación
Acuérdate de lo que has recibido y oído y guárdalo
Resumen
Jesús envía por medio de Juan una carta a la iglesia de Sardis: tiene nombre de que vive, pero está muerta. Comenzó bien y terminó siendo una iglesia moribunda. Como en lo físico hay muertos, moribundos y vivos, en lo espiritual sucede igual: muertos son quienes nunca han venido a Cristo; moribundos, quienes se congregan pero andan enfermos y descuidados; vivos, quienes tienen a Cristo, que da vida. Dios no quiere muertos ni medio muertos, porque solo el vivo puede servirle bien.
El remedio comienza por acordarse. Pablo pidió a Timoteo acordarse de Jesucristo resucitado, y Juan recordó lo que vio, oyó y palpó del Verbo de vida. Lo recibido es el verdadero evangelio, la vida eterna, y vale más que las ofertas del enemigo y las fábulas que desvían. Por eso Cristo llama a ser vigilante, como el guardia dormido al que despiertan o el conductor que se duerme al volante; quien no vela se enfría y no resiste la tentación. Hay que afirmar lo que está para morir, almas indecisas a punto de salirse de las manos del alfarero, porque Dios, que pesa los espíritus, no halló perfectas sus obras. Guardar la palabra no es olvidarla como algo guardado en casa, sino llevarla en el corazón para ponerla por obra.
A esto se suma el arrepentimiento: reconocer el error y pedir perdón de corazón, no con un simple remordimiento de conciencia. Para quien no vela, el Señor vendrá como ladrón. La palabra es como martillo que afirma el clavo flojo. El Jesús que levantó a Lázaro de cuatro días resucita al muerto espiritual, porque su llamado no busca eliminar sino restaurar. Los descuidados están llamados a unirse a las pocas personas que no mancharon sus vestiduras, para que el vencedor sea vestido de blanco, su nombre no sea borrado del libro de la vida y Cristo lo confiese delante del Padre. Arreglar la condición espiritual no se deja para mañana: se hace hoy.
Puntos clave
- Sardis tenía nombre de que vivía, pero estaba muerta: el nombre de cristiano sin frutos ni vida de Dios no basta.
- Velar guarda lo recibido; quien deja de vigilar se enfría y no resiste la tentación, como el guardia que se duerme.
- Guardar la palabra es llevarla en el corazón y ponerla por obra, no olvidarla como algo guardado en casa.
- El arrepentimiento nace del corazón y no es simple remordimiento; quien no vela verá venir a Cristo como ladrón.
- El vencedor será vestido de vestiduras blancas y su nombre no será borrado del libro de la vida.
Textos mencionados
- Apocalipsis 3:1-6
- Efesios 2
- 2 Timoteo 2:8
- 1 Juan 1