Predicación
No hay condenación para los que estamos en Cristo
Resumen
En Juan 5, cuando Jesús dice de cierto, de cierto ante las multitudes, la repetición señala algo de suma importancia: un asunto de vida eterna o de condenación. Mientras no tenga a Cristo, todo ser humano sigue bajo la condenación que el pecado trajo al mundo. Ante la palabra solo caben dos respuestas, recibirla o rechazarla, y quedarse indeciso ya es rechazarla. Jesús lo aclara: quien oye su palabra, no cuentos ni discursos elocuentes, y cree al que lo envió, tiene vida eterna desde ahora y ha pasado de muerte a vida.
Creer a la palabra es practicarla. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús y no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. El que no cree ya ha sido condenado, porque la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas, ya que sus obras eran malas. Dios no es injusto: el ser humano se condena a sí mismo al rechazar la luz para que sus obras no sean reprendidas, como aquel que negaba ser ladrón con el televisor robado a cuestas. Aun así, la voz de Jesús sigue llamando a los muertos espirituales, y aunque los pecados sean como la grana, Dios los emblanquece como la nieve, gratuitamente. Después de la muerte no hay purgatorio que libre: está establecido morir una sola vez y después el juicio.
Vendrá la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo: los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, y los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación, mil años después, para el juicio del gran trono blanco. Los placeres del mundo son un engaño momentáneo, y las excusas halladas en otros no salvan, porque el que salva es Cristo. Lo bueno se practica ahora, sin apariencias, para resucitar con los primeros o ser transformados al sonar la trompeta. El camino es sencillo: escuchar la palabra, creerla y practicarla.
Puntos clave
- Ante la palabra de Dios solo caben dos respuestas, recibirla o rechazarla; quedarse indeciso ya es rechazarla.
- Creer a la palabra es practicarla, y la vida eterna comienza a fluir desde que se escucha y se recibe.
- Dios no es injusto: el ser humano se condena al amar más las tinieblas que la luz para no dejar sus obras malas.
- La voz de Jesús sigue llamando a los muertos espirituales, y pecados como la grana quedan blancos como la nieve, gratuitamente.
- Hay una resurrección de vida para quienes hicieron lo bueno y otra de condenación que termina en el juicio del gran trono blanco.
Textos mencionados
- Juan 5:24-29
- Romanos 8:1
- Juan 3:18-21
- Hebreos 9:27
- Isaías 1:18
- Apocalipsis 20